jueves, 11 de diciembre de 2014

VERNISSAGE CON CASTILLO MELER EN EL EDAN


Muchos amigos del artista y habituales del EDAN se dieron cita para acompañar a Antonio Castillo Meler en la inauguración de su exposición "Meler, obra gráfica". El artista, que no se prodiga mucho en el circuito galerístico de la ciudad, había generado expectativa entre sus compañeros de profesión así como entre los que han seguido su larga carrera.
Pudimos saludar a Jesús Gimenez, de Heraldo de Aragón, a Francoise y Pitu de Aki Zaragoza, a los miembros del Colectivo Artymagen con su presidente Jesús Perez a la cabeza, miembros de Amigos del Libro: José Luis de Arce, Fernando Gracia, Jose Mª Serrano, Angel Hernandez Mostajo, Rosa Luesma, el fotógrafo Miguel Sanz, artistas como Pilar Moré, Arrudi, Gregorio Millas, Francisca Abreu, Jesus Sanjuan, Jesús Guallar, Julia Y Fefi Reig, Isabel Falcón, Mariela Gª Vives, Mariano Viejo con Amparo, Merce Bravo, Salvador Dastis, Domingo Sanz Azcona, Alfonso Val Ortego, Manuel Sancho, Carmen Casas, Fernando Bayo, el director del Pollo Urbano, Dionisio Sanchez, Carlos Calvo, subdirector pollero, Maite, Manuel Perez Lizano, presidente de la AACA, CS Viñuales, Ricardo Lopez, del Librepensador, Antonio Rodes, gerente de Aspanoa, el arqueólogo J.Navarro Chueca, el director de Juglarias, José Mª Hernandez de la Torre,Luis Sanz, de la Fragua del Trovador, etc, etc. Gracias a todos por su asistencia
La Bodega Sierra de Guara, con la colaboración de Alfonso Mort, dispuso de uno de sus vinos, Evohé garnacha, para animar el encuentro.
El EDAN tiene preparada una sugestiva programación para el 2015, que se iniciará con el grafitero y artista visual CAYO, quien realizará una performance acompañado de otro grande del grafiti como Casper. Una apuesta por el arte emergente con un título de impacto: "Dolor. Nacer y morir para ser memoria"



Presentación de A.Castillo Meler

Palabras de Castillo Meler
Jesús Rojas, de Dr. Vacaciones



con Dionisio Sanchez, del Pollo Urbano
Con Francisca Abreu y Domingo Sanz Azcona


Con Manuel Perez Lizano, Gregorio Millas, Fernando Bayo y Jóse


fotos  Jesús Pérez Cuartero

"MELER, OBRA GRÁFICA" INAUGURACIÓN EN EL ESPACIO DE ARTE NAZCA






(Zaragoza, 9-I-1939) Pintor y grabador. En Madrid asiste como alumno al estudio del pintor J. Méndez Ruiz y estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, año 1978. Tras vivir varios años en París, donde amplía su formación artística, asiste, en 1984, al taller dirigido por Antonio López en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Conocido en los medios como Meler, inicia su actividad pictórica en 1973, distinguiéndose por una obra realista cercana al hiperrealismo. Sus paisajes urbanos resaltan por una visión insólita, tanto por los amplios panoramas como por la acotación de un punto específico, de manera que ofrece unos ángulos inadvertidos en el marco de la vida cotidiana. La soledad, el tiempo detenido, impregna su obra. Sin olvidar unos magníficos bodegones, dicha soledad empapa sus interiores de viviendas, que registran, dentro de una espectante quietud, los matices más insospechados. En fechas recientes el mencionado realismo se sustituye por una técnica más suelta, de la que es prematuro sacar conclusiones.
El grabado lo comienza en 1990, justo en la Galería Brita Prinza de Madrid. La depurada técnica y el dominio del dibujo se ponen al servicio de unos grabados que tocan temas lejos de sus cuadros. Un juego de llaves, la mano que atrapa un taco de billar, o un sillón, por citar tres de los muchos ejemplos, se cubren de una atmósfera mágica, sorprendente, muy potenciada por la aparente sencillez del tema elegido.
Esta reseña de la Gran Enciclopedia Aragonesa resume la trayectoria de nuestro invitado. Antonio Castillo Meler presenta en el Espacio de Arte Nazca, EDAN, una muestra de algunos de sus grabados, en diversas técnicas como aguafuerte, aguatinta y gofrado, en los que demuestra un depurado oficio y especial sensibilidad en trasladar a la plancha motivos a la vez cotidianos y sugerentes, o ese paisaje que combina atrevimiento en sus formas abstractas y un cromatismo que le confiere una recreación naturalista, o esa silueta de la estación de Canfranc que surge de las sombras como una realidad fantasmagórica.
"Meler, obra gráfica", es el título de la exposición  que ayer 10 de diciembre, fue inaugurada. A la colección de grabados, Castillo Meler une varias pinturas sobre tela y tabla  que aportan una visión retrospectiva de su trabajo de distintas épocas y estilos. La reconocible cúpula del antiguo Banco Zaragozano o la perspectiva de Madrid desde la estación de Atocha, realizados dentro del realismo tan personal del autor. Una selección del propio artista que pone el contrapunto a la obra sobre papel, protagonista real de la muestra.
Antonio Castillo Meler atesora una larga trayectoria artística con exposiciones nacionales e internacionales, destacando una individual en Arco 83 con la Galería Novart de Madrid o la individual en la Galeria Maison Laffite de París, entre otras muchas. Desde comienzos de los 2000 regresa a Zaragoza en la que ha practicado la enseñanza del grabado y continúa con su carrera, que tomó protagonismo de nuevo con el proyecto de las pinturas de la cúpula de la Basílica del Pilar, que iba a realizar acompañando a su amigo y maestro Antonio Lopez.





                                                                                   

           
















Fotos  Eugenio Mateo


jueves, 4 de diciembre de 2014

MEMORIAS DE UN INTERNO EN EL PSIQUIATRICO DEL PARAISO. AGRAMONTE


Ha sido un viaje largo. La ambulancia que me trasladó desde el infecto lugar donde me pudría ha debido recorrer las cuatro puntas del infierno, pues no de otra manera podría reconocer tan desiertos andurriales en los que no es posible casi ver el cielo de tanto árbol que lo cubre. Hace mucho que no nos hemos cruzado con ningún vehículo en esta angosta carretera, pero al final un enorme caserón que pretende ser blanco ha aparecido en un gran claro en este bosque por el que seguro transitaran las brujas. He pasado de ser un loco peligroso a un deportado al infinito verde donde aunque grite, nadie escuchará mis súplicas. Se confunden las horas y me confunden con sus lentas espirales hacia una cumbre que vela desde arriba por el lugar en el que los marginados como yo pueden serlo sin casi molestar a los cuervos que acechan un descuido para vaciarnos los ojos.
He aprendido a recorrer largos pasillos en el camino a la terapia. Oigo a veces, voces que me asaltan en el devenir a la habitación del electroshock. No las veo, acaso su presencia habita en las paredes monocromas, pero sé reconocerlas. Alguna  cuenta de su muerte y me previene de la mía. Es un juego arriesgado porque no quiero saber nada de mi fin pero me asisten sin embargo en la defensa frente a los fantasmas reales que visten de blanco. Hay enfermeros más anajenados que los internos, todos lo saben pero se callan, es el sistema que se perpetúa, imposible ir en contra, excepto los espíritus, a los que nada importa. Reconozco al menos cuando llega el viento directamente de las gleras de granito, que brillan si levantas la mirada. Es un lugar bonito, huele bien, a ese olor de resina y moras, pero en las salas comunales huele a hombre que se desintegra. Podría vivir al relente del frío montañero pero no me dejan para protegerme, dicen, aunque creo que creen que quiero morir y no es cierto. Si la vida me costase, la arrojaría ladera abajo hasta donde pastan los rebaños, o donde imagino pastarán, por la yerba que crece sin esfuerzo.
Cuidan de mi propio enemigo y todos sus intentos van en el sentido de aleccionarme sobre el peligro que habita en mi cabeza. No estoy más loco que todos los que me miran cuando asisto a misa en una iglesia que quiere parecer románica e imagino a unos descreídos jugando a la guija enfrente del altar. Algunos de fuera que vienen de visita nos miran con suspicacia, pero nunca miran a los ojos. En las noches, los gritos de los neurasténicos se confunden con las lechuzas y las ánimas de los muertos tililan como fuegos fatuos. Un compañero de bañera me cuenta que este lugar acogió a tuberculosos y está sembrado de presencias con las que querría hacerse amigo. Me explica que son ellas las que eligen cuando quieren conversación y yo no le cuento que conmigo hablan. Lo considero necesario para mantener alejada su cordura. 
Todo parece indicar que el personal se ha olvidado de mí en la celda que llaman habitación. Algo debe de pasar porque ni siquiera me han traído el rancho que sabe igual cada comida, las paredes no permiten que mis gritos las traspasen y la ventana parece que no diera a ningún sitio. He perdido la sensación del tiempo y eso me preocupa porque no puedo calcular desde hace cuánto tiempo no veo a un ser humano. Un ruido que parece ser un derrumbe me sorprende. Se cae la puerta y el muro con ella y salgo de estampida, como un toro de corrales. Nadie me pregunta si estoy bien hoy, ni acaso me esposan a las barras de la zona de reposo. Están las dependencias muy descuidadas, tendré que quejarme del servicio y de paso me apuntaré a los voluntarios para cortar las hiedras de la fachada. Me extraña tanto que nada se oponga a mi carrera, que al final una idea fija de escapada toma forma libre. La cerca está rota y se ha acercado un coche por la pista. Les pediré que me lleven, pero descienden unos hombres que pasan a mi lado como si no me vieran. Uno pregunta a los otros si notan algo raro y aquellos contestan que no han sentido ningún escalofrío todavía. No entiendo  lo que hablan y eso me mosquea.  Ellos, a lo suyo, sacan sus cámaras y fotografían este maldito sanatorio, del que voy a escaparme escondido en su coche cuando vuelvan por donde han venido, porque estoy seguro de haber recuperado la razón y quiero volver a casa.

(Fragmento de  "Memorias de un interno en el paraíso" de Eugenio Mateo)
































SANTUARIO DE AGRAMONTE.  Moncayo
diciembre 2014

Fotos Eugenio Mateo