martes, 12 de marzo de 2013

INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN DE ABD VICTOR

Cuando mi buen amigo Juan Dominguez Lasierra me propuso realizar una entrevista con Victor Jerjo-Toma con el fin de preparar una exposición en nuestro Espacio con obras del artista desaparecido ABD VICTOR, padre de Víctor, la idea me pareció una excelente oportunidad para rescatar la memoria de este artista al que seguí en vida y que supuso en el mundo del arte un soplo de fresca genialidad. Conocía a Victor Jerjo a través de Juan cuando desde Erial Ediciones se le encargó a Víctor que fuese el moderador de la primera mesa redonda del proyecto de la Revista Crisis. 

Desde la humildad que nos obliga nuestra labor en el Espacio Cultural Adolfo Dominguez nos pusimos manos a la obra y la sintonía de planteamientos con Víctor fue total. Somos conscientes de servir de prueba piloto, si se me permite la definición, para empresas mayores. La obra de ABD VICTOR merece espacios que permitan disfrutar de los grandes formatos en los que la técnica de Abede se muestra en toda su magia creadora. La preparación del joven Víctor y su admiración filial le abrirán las puertas de nuevos reencuentros. En éste, el primero, vemos obras en pequeño y mediano formato realizadas entre 1990 y 1995. Es en este año cuando muere Abede y sin embargo le gana tiempo al tiempo para regalarnos sus pinturas postreras en las que se resume a sí mismo.

La respuesta de los espectadores llenó de generosidad la sala del ECAD. Artistas compañeros de Abede como Julia Dorado, Pilar Moré, Carmelo Rebullida, Mariano Viejo, Pedro J. Sanz, Arrudi, Julia Reig, Antonio Rojo, se sumaron al reencuentro, junto con artistas de nuevas generaciones. Críticos de arte como Antón Castro, Manuel Perez  Lizano, el profesor Manuel Medrano y tantos amigos que compartieron con nosotros las palabras emotivas de Dominguez Lasierra y del propio Victor que glosaron la figura del genio que encontró en esta ciudad su razón de ser como artista.

El Grupo Zarabesque tejió con su música el lazo del origen. Música siria y libanesa que, como escribe Dominguez en su columna de Heraldo, seguro que le hubiera gustado a ABD VICTOR.





Presentación de Victor Jerjo y Juan Dominguez Lasierra






palabras de J.Dominguez Lasierra

Victor Jerjo- Toma

Grupo Zarabesque

Amparo Larrosa

Amparo y Juan
                                                                     

los poetas Carlos Agorreta y Carmen Molinero

con Julia Dorado, su marido y Juan Dominguez

la pintora Carmela y el fotógrafo J.H. Bustamante

Teresa y Sofía

Victor Herraiz, Teresa y Sofía



Antón Castro

los pintores A.Rojo, M. Viejo, el profesor M.Medrano

Antón Castro

Amparo Larrosa, Victor Jerjo y J. Dominguez

fotos  Luis de Pablos  y E.Mateo
8.03.2013

lunes, 11 de marzo de 2013

REENCUENTRO CON ABD VICTOR EN EL ECAD


(Hassake, Siria, 1-VI-1959 - Zaragoza, 27-IX-1995). Pintor conocido artísticamente como ABD Victor. Su primera exposición es en 1973, con 14 años, en el Centro Cultural de Hassake. En 1980 se traslada a España fijando su residencia en Zaragoza, donde se casa con Clara Otín en 1983 y con la que tiene un hijo, Víctor. Su esposa fallece en diciembre de 1999. En 1984 se le concede la nacionalidad española. Artista muy precoz con un primer período que arranca en 1977 mediante un expresionismo figurativo con figuras aladas de gran tamaño que habitan interiores de matiz opresivo. El año siguiente se interesa por rostros con símbolos alusivos a tareas de campesinos, que con frecuencia poseen una gran espiritualidad o permanecen impregnados de una fuerte condición enigmática. La experiencia como decorador de tres obras de teatro le sirve para concluir su primer gran mural. Ya en 1979 nacen unos fascinantes sienas, verdes y azules que dan un notable factor mágico, dentro de una estructura postcubista para mostrar temas costumbristas. Las figuras emergen de la tierra para integrarse al medio circundante. Postcubismo que evoluciona al año siguiente hacia una estructuración de los fondos de índole expresiva. Este rasgo le sirve para mostrar unas figuras, a veces infantiles, de aire triste y, también, otras muy alargadas aludiendo, quizá, a una sociedad opresora. La obra evoluciona en 1982 hacia una temática donde el desnudo, sobre todo femenino, adquiere un complejo protagonismo. Son personajes de gruesa anatomía vistos con naturalismo e inmersos en paisajes de pacífico transcurrir. Año 1982 de indiscutible trascendencia porque incorpora un extraño y agresivo animal, que da pie al nacimiento de su primer gran período que dura hasta finales de 1989.
Suelda, pues, lo oriental y lo occidental. El protagonismo de este animal humanoide es absoluto y le sirve para narrar muy diferentes circunstancias del ser humano. Variedad y riqueza de colores. A finales de 1989 comienza un surrealismo arquitectónico repleto de fantasía que interpreta con dosis expresionistas. Arquitectura en medio de la naturaleza que alcanza dosis de genialidad.
A lo largo de 1995, con el cáncer destruyendo su vida, tiene el valor de trabajar y, lo más increíble, de dar a luz una serie de cuadros que definen a un artista más que excepcional. Los fondos monocromos negros se animan por delicadas texturas. Sobre dicho soporte incorpora su temática, que consiste en fragmentos de lo anterior, incluso algún dragón humanoide, de manera que un complejo mundo formal repleto de magia puebla el soporte.

Desde el 8 de marzo hasta el 7 de abril el público tiene la ocasión de reencontrarse con la obra genial del artista. Un espectacular óleo de su periodo de paisajes laberínticos de 1991 comparte espacio con obras de su bestiario cargado de simbolismo y las últimas que pintó, collages sobre fondo de oscuridad, como espasmo de tortura que se instaló en su pintura de los meses previos a la muerte, parafraseando a su buen amigo Juan Dominguez Lasierra que le dedica una emotiva columna en Heraldo de Aragón de hoy 11 de marzo.

Victor, el joven Victor, el primer admirador de la obra de su padre, ha destapado de nuevo el tarro de las esencias. Nosotros estamos orgullosos de haber puesto el Espacio Adolfo Dominguez a disposición de este Reencuentro. Les animamos a que Arte y Espectador se fundan en un saludo que trasciende las estrellas, justo homenaje a la figura de un hombre bueno y artista irrepetible.


           

                                                                   










                                                                            







                                                                      




fotos Eugenio Mateo

martes, 5 de marzo de 2013

BAGÜES, PINTANO, UNDUÉS. UN PASEO POR LAS ALTAS CINCO VILLAS

Este paseo por Aragón quiere recorrer la ruta de las altas Cinco Villas desde la provincia de Huesca, concretamente desde Baílo, población de la Jacetania desde la que se contemplan los altos farallones del Pirineo occidental. La carretera sinuosa asciende poco a poco hacia Larués siempre con la presencia nevada de las cumbres a la izquierda. En 15 minutos hemos llegado a Bagüés, donde nos espera la bella sobriedad del templo de San Julian y Santa Basilia, el ejemplar lombardo más al oeste de Aragón. Su impresionante presencia se erige frente al pueblo, a unos 150 metros, resaltando en la perspectiva la altura de su nave. Se tiene constancia de este templo desde 1013 y en 1950 se descubrieron las pinturas románicas que lo revestían. Desde que fueron descubiertas, las pinturas de Bagüés se han erigido como uno de los principales conjuntos pictóricos de la Europa románica y sin lugar a dudas, el de mayor importancia de la España de ese momento, tanto por la magnitud de la obra conservada como por la calidad y estilo de la misma. En 1966 fueron arrancadas y trasladadas al Museo Diocesano de Jaca, del que son su mayor patrimonio.











Las pinturas de Bagüés en el Museo Diocesano de Jaca. web
                                                                                                                                              

Dejamos Bagüés  y el pequeño puerto que se eleva camino de Pintano nos amplía la visión hasta Bujaruelo. Recuerdo que un día, hace años, un  buen amigo me dijo que había comprado una casa en Pintano para rehabilitarla. Jamás fui a verla como me propuso y ahora tal vez la reconozca por lo que me contó de ella. Conforme se llega , se ve clara su vocación de fortaleza; sobre un pueyo domina las tierras del Valle de Pintano hacia Ruesta y las sierras de Leyre. Es un lugar estratégico y su historia se remonta a antiguas tribus como los Suessetanos. Su casco urbano caracolea entre casonas blasonadas  que hablan del pasado. A nuestros pies las siluetas de Undués-Pintano nos invitan al descenso. Por las calles no vemos a nadie. El viento azota a los curiosos y por un momento nos dejamos llevar por él.

Es el frío el que nos hace cobardes para recorrer Undués. Pasamos al lado de Casa Nicuesa, palacio de estilo aragonés y lo fotografiamos. La paz de estos parajes merecen el sol de primavera. Las ganas de vermú nos conducen de vuelta a casa.





CASA SANGORRIN






Casa Nicuesa


fotos E.Mateo
Marzo 2013

SOBRESALTOS. ARTÍCULO DE OPINIÓN EN EL POLLO URBANO




Sobresaltos / Eugenio Mateo

Compártelo en Facebook
Actualizar el estado de Twitter
Google
No sé a ustedes, pero a mí, conforme me voy haciendo mayor (eufemismo o sarcasmo sobre la auténtica realidad de la “vejuz”) la piel se me hace más dura, más impenetrable y acaso el blindaje, llamemos le genético aunque es a la desconfianza a quien probablemente se lo debo, me preserva de casos y cosas que antaño eran capaces de soliviantarme.
Sin embargo, no tengo por más que reconocer que soy un iluso al creerme mis propias tonterías y con esa coraza pretendida voy por la vida de sorpresa en sorpresa no pudiendo evitar los sobresaltos con los que a veces consiguen aturdirme. Sobresaltos, por ejemplo, que me producen los roces inesperados de las ruedas de las bicicletas, que me arrollarían sin piedad si no tuviese en alerta máxima mis sentidos de explorador en esta amorfa sabana  de asfalto en la que imperan las panteras. Dijo un día Fraga que la calle era suya y jamás se disculpó de semejante atrevimiento, no porque su autoridad supusiera un menoscabo de tal afirmación, si no porque la calle no es de nadie, tomando nadie como antónimo de alguien. La calle, y no nos equivoquemos, tiene dueño, omnipresente y especulador, como buen dueño, que dicta las ordenanzas, unas leyes locales de prerrogativas más que discutibles pero mil veces más efectivas e inmediatas que las leyes de todas las demás instituciones; ya saben, ésas que a veces, la mayoría, chocan entre sí dependiendo del juego de poder –buena la hizo Montesquieu- y que llaman a la cordura o al sentido común  para ausentarse del hábito de la política a una legión de ciudadanos asombrados, hartos y cabreados. ¡Como me aburre este sinsentido pero cómo hurga todavía a pesar de tanto yoga de manual!
Decía que la calle tiene dueño y eso para mí no es un problema. Faltaría más que el Far West fuese todavía el decorado de nuestros pueblos y ciudades después de lo que ha llovido. Lo que pasa es que a veces el frenesí de la púrpura  anubla las conductas y se cae en la tentación de regular el caos con el caos del todo vale. No escondo que alguna vez me he desplazado en bicicleta por esta ciudad de nuestros amores; hace tiempo, sí, pero sé lo que es driblar autobuses, motos, ancianos de semáforo en rojo, hasta perros sin ataduras. Heroísmo se les ha pedido siempre a los ciclistas urbanos. Héroes han sido, incluso quedan varios todavía. Por tanto al César lo que es del César pero no nos vayamos a poner épicos a estas alturas y seamos prácticos. Serlo significa poder llegar a odiar a tanto kamikaze haciendo carreras por la acera a lomos de un artilugio metálico y por tanto peligroso en potencia, para acabar concluyendo que no todos los que van en bici saben llevarla. Hasta que no se descubre que las bicis pueden ser un negocio para la corporación municipal, viajar en dos ruedas a pedal quedaba reducido a práctica de ecologistas bien intencionados, izquierdistas conspicuos o sospechosos de albergar en sus sillines toda la bibliografía de Bakunin. Unos valientes. Total, que durante años los correspondientes munícipes se pasaban las reivindicaciones de aquellos que tenían el cuajo de pedalear entre el tráfico con riesgo de su vida, por el arco del triunfo de sus bolsas testiculares. Tuvo la democracia que oler a podrido para que a alguien, probablemente después de un viaje pagado a la capital francesa, le enseñasen el catón de la tarificación y de los beneficios colaterales para que a partir de entonces, la humilde bicicleta tomara de una vez el papel de generadora de ingresos y se esfumaran de un plumazo, reticencias, prejuicios, autos de fe y todo aquello que dota de mala fama.
Aceptando lo inevitable, siempre en aras del progreso, eso sí, damos por bueno que cientos de plazas de aparcamientos hayan desaparecido. También consideramos bueno que nos vayamos enterando de que al final todos iremos en bicicleta, bueno, el que la tenga, que siempre irán andando los más, cuando los chinos nos invadan definitivamente.
-BICIS SI- Diremos siempre-
Pero aprovechando que somos mayoría, suplicamos a Vuecencia que dicte un bando para quitarles el suelo, ad perpetuam, a los técnicos que han inventado el follón de Independencia, en el que por cierto  recalé al bajar del autobús, esta tarde, cuando me he sentido incluído de pronto entre dos líneas paralelas y a merced de los frenos del que venía a dos ruedas por ellas. Curiosamente, este suceso no ha sido el motivo del inicio de  esta reflexión sino de su conclusión.
Y apostillo que con tanta mezcolanza, al final nos van a obligar a tener que caminar por las copas de los árboles y muchos no estamos  ya para tanto trote. Recomiendo una campaña puerta a puerta, con vermú incluido, para educar a todos y cada uno de los pedestres sobre técnicas de supervivencia. Hablo de los de a pie; a los otros, no estaría de más un examen de conducir ya que usan vehículos. A todos, no… ya sabemos de qué hablamos.
Claro que se podrían medir los efectos de una acción de contraataque si un día cualquiera los peatones bajan a la calzada sólo por incordiar, pero nunca estaríamos seguros de no ser alcanzados por un autobús, o sea que no merece la pena. Una chapuza lo es hasta en Pekín y reconocerla y enmendarla cuesta pero es la única solución si como parece estamos abocados a entendernos peatones con ciclistas. Simplemente con que sepamos nuestros derechos, cada parte, obviaremos los efectos de la gran chapuza como fue cambiar de arriba abajo nuestro Paseo sin tener en cuenta el famoso carril bici.
Ad maiorem Bellochium Gloriam