


















Llegó la hora. En mis contertulios no había nervios, pues no dejan de ser unos consumados poetas curtidos en mil recitales y presentaciones de sus libros, pero en mi caso, una sensación de responsabilidad me secaba un poco la boca.
Rafa Castillejo, experto maestro de ceremonias, desplegó su labia y relajó el ambiente con guante de seda, contando que la tertulia del VAN GOGH toma su nombre del local donde se reúne y que son veintidos los años de travesía para salvaguardar la poesia. Como el mejor torero, dejó al numeroso público al pie de los poemas, rendido casi, de antemano y comenzó la fiesta de la palabra.
Fuimos saliendo de tres en tres, número impar, porque impar es nuestro censo. Quince seres que aman y sienten como el resto de mortales, pero que pueden sufrir como sólo los poetas pueden y no les importa desnudar sus intimas preguntas, ante un auditorio que acude en busca de respuestas. Quince estilos, quince llamamientos a la loca cordura. Quince voces. Quince almas que claman buscando otros ecos...
Poema tras poema, relato tras relato, la magia tejió su tela de araña y cada voz sonó segura en su mensaje. La guitarra de Manolo Quelle se encargó de llevar sonido a las estrofas y todo trascurrió como debía, en comunión, escenario y platea. Oyentes y narradores fundidos en el guiso que cuece la poesía. Un acto sencillo, un regalo mutuo.
Gracias a todos por la heterodoxia de tantos pensamientos, que al final sólo acaban siendo uno, el mismo. Larga vida a la Tertulia y ¡Viva la Poesía!
Salud.
fotos. Juan Mateo Piera
texto Eugenio Mateo Otto.
26.05.2010



