martes, 21 de diciembre de 2010

LA CENA RUSA

Hacía tiempo que Tatiana, la propietaria de la Taberna La Real, nos había propuesto prepararnos una cena al estilo ruso, así que la semana pasada nos congregamos los habituales, esto es Jose Luis Aramendia y Toñi Camarero, Javier Sanz, Mariano Longas, Sofía Sierra y yo mismo, lamentablemente se excusaron los otros tertulianos: Joaquin Pacheco, Arrudi, Manolo Ara y Jaime Macipe. Cuando llegamos todo estaba dispuesto y preparado. En la cocina se notaba cierta agitación, lo que unido al hambre que traíamos, propició un ambiente adecuado.

Sobre la mesa fueron apareciendo las viandas eslavas. Como es costumbre la comida se presenta en diversas bandejas, todas a la vez, para ir cogiendo de cada una, de poco en poco. Tres clases de ensaladas típicas: Olivier Salat ( de patata y verduras cocidas con salchichas ahumadas con yogurth). Shuba Salat, de arenques y pepino y Gorky Salat o ensalada cuatro montañas, pues cuatro eran sus sabores. Después en varias fuentes, probamos la Pizleva Miasna Karpatos, que es un delicioso plato de puré de patatas especiado con salsa y carne de ternera a la manera de los Cárpatos. A la vez unos suculentos Pilminie, o pasta tipo ravioli, más grandes, rellenos de carne de cerdo con salsa de queso. Ni que decir tiene que entre bocado y bocado la conversación, en nuestra tertulia muy variada, fue ganando terreno conforme el vino ( he de confesar que no nos atrevimos con el vodka, como nos recomendaron las que de eso saben) menguaba. Los postres consistieron en unas tartas de yogur con arándanos, mantecados de helados de almendras y vodka caramelizado, con el que brindamos por la vieja madre Rusia.


Agradecemos al equipo de La Taberna la Real el mimo con el que nos tratan de habitual y en esta ocasión, la minuciosa preparación de unos platos que rescataron de las  recetas de sus madres, allá en el Este.





                                                          








Taberna La Real
c/ Comandante Ripolles

FOTOS  JOSE LUIS ARAMENDIA ( por eso no sale él)

domingo, 19 de diciembre de 2010

FORTUNATO. Relato

©FORTUNATO

   Hay veces, que los nombres de las personas son, pura y llanamente, pronósticos certeros de lo que les va a acontecer en sus vidas futuras.

   Fortunato estaba en esas veces. Cuando nació, sus padres le bautizaron con este nombre por la simple y casual circunstancia de que salió vivo de la caída que le regaló su tía Emérita, madrina del bautizo, cuando resbaló en las escaleras de la pila bautismal con él a cuestas. No se sabe si fueron los ropajes que le habían endilgado o suerte a secas, pero lo cierto es, que, rebotar, con unos días de vida, en el duro mármol que se gastan las iglesias, sin dejarse los sesos en el intento, era un presagio de que todas las legiones de arcángeles estaban de su parte. Así pues, los padres, entre horrorizados y entusiasmados, cambiaron el nombre que pensaban darle, que no era otro que Hermógenes, por el abuelo, justo en ese momento, con el cura pensando que de buena se había librado, porque les pareció adivinar que su hijo tenía mucha suerte.

   Cuando fue creciendo, los que le conocían pensaban para sus adentros que el chaval gozaba de más vidas que un gato, cuando recordaban el episodio del rio, donde Fortunato, se metió en agua que le cubría a la cintura y se quedó haciendo el “muerto” sobre el agua. Sobre las rocas del cauce otros vecinos del pueblo tomaban el sol; a nadie le importó que el chaval permaneciera inmóvil más de lo prudente, ni siquiera que flotara boca abajo, pero lo cierto es que Fortunato, víctima de un corte de digestión, soñaba que corría por las piedras de la orilla, hasta que no pudo respirar. En un torbellino espeso, su mente se revolvió, dudando del terreno que pisaba y con un espasmo de terror, sus piernas hicieron palanca para, merced a la poca profundidad, emerger como un barbo, sin aire apenas en los pulmones, de un sueño húmedo que lo llevaba directamente al cieno.

   Adolescente ya, ningún allegado se enteró del suceso del balón, el día de la comida en el campo. Fortunato pegó un patadón a la pelota, con la que estaba jugando, yendo ésta a caer a una caudalosa acequia, que por allí discurría. El mozo llegó corriendo; viendo que el balón se marchaba acequia abajo, no se lo pensó dos veces y se arrojó a las aguas, que tiraron de él, arrastrándolo en la corriente. Los segundos transcurrieron vertiginosos. Lo más seguro es que se hubiera ahogado a no ser porque de pronto, la acequia se estrechó, dejándolo atravesado como un leño, en la boca de una conducción que servía de puente para un camino que cruzaba por encima. Al quedar momentáneamente retenido, Fortunato se agarró con toda su alma a la esquina del tubo y milagrosamente fue salvado de las aguas por segunda vez.

   En pleno romance de joven apasionado, estuvo a punto de causar el caos en unos grandes almacenes, aquella tarde en la que se estaba despidiendo de una chavala , subido en la flamante escalera mecánica que le iba separando de ella suavemente, agitando las manos como despedida, casi aupado sobre la barandilla. La chica desde abajo le devolvía algún mohín. Fortunato se dijo que ya estaba bien de tonterías y recobró la figura sobre la escalera, justo en el instante antes de que la esquina del hueco del piso superior casi lo decapita. El amargor de una bilis le desbarató la boca pero se olvidó pronto.

   Se le empezaba a caer el pelo cuando una mañana estaba corriendo por el campo, poniendo a prueba el corazón. Le gustaba la libertad que conceden los espacios abiertos. Corría pausado, casi al trote, medianas distancias; sus piernas respondían todavía. Observó que los arbustos crecidos podrían ser útiles para una carrera de vallas, así que empezó a saltarlos buscando de reojo las más altos, provocándose a sí mismo. Aceleró su zancada. Saltó uno, otro, luego otro; así durante un rato. El corazón le bombeaba desabrido. Decidió parar en plena carrera y la inercia del esfuerzo le dejó al borde del arbusto, que ya no le pudo ocultar un enorme agujero de bastantes metros, que desde el otro lado parecía esperarle.

   En la madurez se le maduraron los gustos. Acompañado de su pareja, se marcharon de vacaciones a una isla remota. En aquel viaje hubo más beneficiarios de su suerte. Habían alquilado un coche, intentando manejarse en un tráfico hostil, sin saber en realidad interpretar los mapas. El dédalo de calles era todo en rampa. Tenían la misma inclinación que la de un puerto de montaña; la isla era como un gigantesco cono truncado por el que se ascendía o descendía. En la calle por la que supusieron se salía de la ciudad, alcanzaron a un camión grúa que subía la cuesta como un elefante cansado, transportando un gran cilindro de piedra, que parecía de granito. No tuvieron más remedio que acompasar su ritmo al del paquidermo. Al instante tuvo la certeza de que debía de separarse de aquel camión, que olía a amenaza. Torció el volante a la derecha y se detuvo en seco, providencialmente, en la única anchura que había en aquella carretera sin cunetas. El camión grúa también paró cuando el chófer vio por el retrovisor que el coche se detenía en seco en medio de una polvareda. La parada del mastodonte provocó una inesperada reacción en los amarres de la mole, rompiéndose las sujeciones y dejándola precipitarse calle abajo, aunque casi rozó al coche en su caída. La muerte rodo vertiginosamente, en busca de alguna víctima inocente.

   No sabemos qué ocurrirá cuando el azar se dé cuenta de que se le han agotado las vidas, si hacemos caso a aquello de las siete vidas de un gato, pero volviendo a lo inmediato, Fortunato ha escapado con vida de un accidente de aviación en el que no hubo supervivientes. Llegó a la puerta de embarque con el vuelo cerrado. Aún pudo ver, por los grandes ventanales del aeropuerto, al avión en el momento del despegue y maldiciendo su suerte, se le escapó una blasfemia. Al poco, todos pudieron oír la terrible explosión.



©Eugenio Mateo





viernes, 17 de diciembre de 2010

GRAFITIS. ARTE CALLEJERO























Si caminas encorvado por el frío no verás los muros con estos tags, throw-up, pieces y slogans que los escritores van dejando en tu camino, como la tabla de salvación del que se siente perdido en la ciudad con aceras llenas de mierdas de perros y bancos astillados. No me apetece atender los claxons que quieren sorprenderme al cruzar la calle ni respirar el humo de los autobuses. Llevo una máscara imaginaria, soy el ciudadano sin censo, una línea en la lista de los más buscados. Soy el hombre peligroso que nunca rompe un vaso. Adalid de la lucha sin vencidos. El virus de la gripe sin código en el vademecum. Soy nadie, pero veo lo que miro, sólo lo que miro. Midiendo las tapias me perdí para convertirme en grafito. Ya no me encontrarás en un paso de cebra porque cambié por aerosoles mi paseo inexistente.Ahora soy un artista callejero, perro callejero, mierda callejera, escupitajo callejero. Ahora soy un cara sol donde se apoyan los viejos, en el que aparco mi coche imaginario. Pónme una multa, esbirro uniformado o bórrame con tinta china, porque mañana escribiré tu epitafio aunque no lo esperes. Quedan muchas tapias para escribir mensajes que nadie va a leer aunque sólo tu rechazo me da más bríos para clamar a los cuatro vientos que soy el mirón que acecha tu descuido. No te fíes pero hazlo si quieres, me importas tan poco que escribiré tu cara aun cuando no me la enseñes.


texto y fotos de Eugenio Mateo

DE UNA HIJA A SU MADRE

  


          Bajo el escalofrío de tu ausencia
       se doblan mis rodillas, incapaces
       de ser las sendas de los pasos desiertos
       que recorrimos juntas cada tarde,
       cuando en el cauce seco del estío
       me dabas de beber
       gotas de miel en tu mirada
       con galletas de cálidas caricias
       y el frescor de tus besos en mi frente

       El peso de tu hueco desbarata mi espalda
       se quiebra la esperanza,
       como la caña de la orilla
       en la que me bañabas
       los veranos gozosos de la infancia

       Me rebelo con grito dolorido
       y agito las manos en señales sin destino
       el adiós es una cita
       la espera, sólo paréntesis de vida
                   


       dedicado a Sofía y Felisa

           E.Mateo
           17 diciembre 2010                

domingo, 12 de diciembre de 2010

MAGIA EN LAS FOTOS DE TEO FELIX















Teo Félix es un fotógrafo que atrapa la instantaneidad allá donde la encuentra. He querido seleccionar unas cuántas que son mis fotos favoritas. Son momentos captados en sus paseos por el campo. Son claroscuros , contraluces, detalles cotidianos, horizontes que agonizan, la calma del bosque y la sorpresa de sus habitantes.
Espero que os gusten.

fotos de Teo Felix

LA FRAGUA BOHEMIA



La Asociación Cultural la Fragua Bohemia ha preparado para el próximo jueves 16 un acto al que titula "UNA TARDE SOLIDARIA EN LA MARGEN IZQUIERDA", que es una prolongación de la 6ª edición del libro Miradas de Navidad, recientemente aparecido.La actitud solidaria de esta Asociación Cultural la ha llevado en este año ha desviar, parte de los beneficios de la venta del libro, para  ayuda al programa de la Asociación de Discapacitados sin Fronteras. En el Centro Cívico Río EBRO, C/ Maria Zambrano 56.

LOS ARBOLES DE LOS ARTISTAS. El Arte en la calle.


                                          amenizados con Jazz
                                         obras de Monika Grygier
                                               vista de la Plaza Eduardo Ibarra
                               Debora Quelles, Mariela Gª Vives, Miguel Sanza y Eugenio

                                             intervención de Arrudi sobre los árboles

                                            con Mariela, presidente de la ASOCIACION A.A.P.G.
                                          Obras de Monika Grygier

fotos de Arrudi